De Vacaciones, Vermuts y Veraneo en Madrid

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Vermut en Vacaciones

Vacaciones, en Malasaña

Este es mi primer verano madrileño. No he huido al pueblo, como todo cuerdo hijo de vecino que se precie. Marchen ustedes, yo les cuido la ciudad.

Me preguntan sobre el horriblemente-insoportable-asqueroso-pegajoso calor de la urbe, y SÍ: lo sufro. Y mucho. Pero, para nada en silencio porque, no paro de quejarme por Tuiter. (Si tienes cuenta en Twitter y no te quejas… ¿para qué tienes cuenta en Twitter, alma cándida?). Me dicen que está siendo un verano raro, que ha tardado en llegar el calor agobiante y además, de vez en cuando: HASTA REFRESCA… Yo les digo que es bastante normal, que este año estoy yo y rompo todo lo que toco.

Les hablaré de mi Guía de Supervivencia Personal. Que, básicamente, incluye: aire acondicionado, gafas de sol, amigos descarriados que se han quedado en la ciudad o, PEOR, amigos locos que vienen a visitarte (valientes arriesgados), bebidas refrescantes y mucha paciencia. Más aire acondicionado. ¡Ah! Y piscinas. Muchas piscinas

Ruta turística veraniega

Ruta turística veraniega

Se puede sobrevivir. Vamos, yo pienso llegar a septiembre, no sé ustedes. Y más negra que Celia Cruz. ¡Azúcar! (moreno, imagino).

Aunque no lo crean, hay multitud de planes interesantes en la ciudad: piscinas y terracitas en azoteas, exposiciones, museos con aire acondicionado a todo trapo, miles de millones de bares, restaurantes nuevos por probar… ¿no les parece que en Madrid aparecen nuevos lugares como setas? ¡Pop! Nueva cafetería moderna en Malasaña ¡Pop! Japonés chic en Chamberí, ¡Pop! Bar de techos altos en Antón Martín… y así.

Hablemos de las piscinas públicas de Madrid. Fui una vez. Me atreví. Y mi provinciana interior se llevó una gran sorpresa: top-less everywhere. Está prohibido lanzarse de cabeza a la piscina, pero, oye: Libres Domingos y Domingas, ¡libertad para todos! No es que me parezca mal, oigan, es que nunca lo había visto; en las piscinas públicas del pueblo se va con bañador de cuello alto de toda la vida del Señor. Y las tetas, se enseñan en la playa. ESO ES ASÍ.

(¿Se puede decir la palabra tetas en un blog? Es por decirlo más.)

Desde entonces sólo he ido a piscinas en terrazas de hoteles. Para hacer honor a la verdad, esto último sólo ha sucedido una vez. Pero es un hecho probado empíricamente. Si lo dudan, comprueben mi Instagram.

Con las altas temperaturas o te vas de refresquitos o te vas a algún lugar fresquito. Así que yo estoy aprovechando para hacer una gira de Vermuts por la capital y probar lugares nuevos, a la par que recorrer todas las exposiciones, museos y oferta cultural que se deja caer en mis manos. ¿Y los maravillosos cines de verano? Buenos, bonitos y baratos. Hay menos gente y mucho sol. Y quien no se consuela es porque no quiere.

Por supuesto que me escaparé a la playa. No lo duden. Pero, por ahora, esta alicantina se queda a la orilla del mar de Madrid. Ése que no tiene.

Ése.

Vaya vaya, aquí no hay playa

Vaya vaya, aquí no hay playa

 

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