Vivir en el intento. Morir para contarlo.

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MICROPOEMAS 2 (AJO)

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Siempre lloro cuando vuelo

sobre todo cuando espero las maletas.

Es un tiempo tan muerto

que me muero yo de pena

Maletas haciendo cola ordenadamente

Maletas haciendo cola ordenadamente

Me muero yo de pena, también. Y es que lo peor de esperar, es desesperar. ¿Y lo mejor? No, no hay nada mejor. No hay nada bueno. Esperar es como el título de esta entrada: “Vivir en el intento. Morir para contarlo.”

Me muero yo de pena, de las esperas.

Hace poco pasé unas horas en un aeropuerto. Y pensé mucho sobre el verbo “esperar” . El verbo “desesperar“, ése, que es el hermano bastardo y feo, no como John Nieve -que es muy guapo-, ÉSE no hacía falta pensarlo, él mismo viene a abrumarte, a apalearte y recordarte que la paciencia es un buen don: para quien lo tiene. Que no es mi caso.

La clave para todos los planes es tener más paciencia que suerte. Pues yo no tengo ni de lo uno, ni de lo otro. Pero planes, sí, de eso tengo bastante (¿quieren unos pocos?).

Nos pasamos la vida esperando.

Y digo yo: esperando, sí, pero esperando ¿QUÉ? 

16:30.p.m. Me dejan en el aeropuerto. Sola (que no desvalida, EH). Cascos y música. Ver gente pasar. Inventarme sus historias que se cruzan con mi existencia. ¿A dónde irán? ¿Vuelven? ¿Perderán su vuelo?

Esperando el metro. El amor. Una buena oportunidad laboral. Esperando que nos crezca el pelo. Que aparezcan las llaves. Que toque la lotería. Esperando la llamada del ahorro. Esperando la pizza. “Te espero en la calle y a ver si eso me lo repites a la cara”. Esperando la colada. Esperando año nuevo. Los 9 meses de espera. La desesperación de los servicios técnicos de atención telefónica.

18:15.p.m. Me duele mucho la cabeza. Décimas de fiebre. Genial. Ya puedo facturar mi maleta. Mostrador 1. Llego y hay cola. Espero. A ver, qué remedio.

Esperar mesa en el restaurante de moda. La fecha de estreno de esa obra de teatro. La cola para comprar las entradas del cine. El iPhone 15. Esperando el día de mañana. Esperando olvidar. Olvidar esperando. Esperar que pase este dolor de cabeza. O la tormenta. Esperar a que pase esa vecina tan tremenda. O ese vecino tan tremendo (no seamos sexistas).

19:00.p.m.Ya he pasado todos los controles. Todo correcto. No he sido declarada terrorista, ni escapista ni delincuente. Compruebo puerta de embarque. Me tomo un café.

Esperar la nueva temporada. El paquete que no llega. Desesperar. Paciencia. Esperar. Impaciencia. Sístole. Diástole. Pico y pala. Cal y arena. Que el amor nos pille en la cama y no en los aeropuertos. Esperar… ¿pero el qué? Esperar… ¿pero a quién?

20:00. p.m. Comenzamos a embarcar. Se hace eterno. Más décimas de fiebre. La cabeza me va a estallar. ¡Por Dios, apaguen el mundo que yo me retiro! Hacen facturar OBLIGATORIAMENTE las maletas de mano a todos menos a mí… ¡JA!

Esperando la victoria de tu equipo. La sala de espera. Espérame. Esperar de pie. Espera sentado. “No me esperes levantada, mamá”. El Esperanto. La espera del Juicio Final.  Espera-nza Aguirre. Cuando menos te lo esperas. Entrar en Lista de Espera. Es-pera no es kiwi.

20:30.p.m. Por fin despegamos. 20 minutos de retraso-aunque llegamos a Barajas con 10 minutos de adelanto. No entiendo nada, Ryanair viaja en el tiempo, más que vuela. Luego me aclaran que es que ellos siempre aumentan 30 minutos sus estimaciones de vuelo para parecer que siempre llegan antes: LISTOS ELLOS. Mi asiento es de pasillo. Cascos. Ojos cerrados. La cabeza ya es una olla a presión. Frío, calor, ya no sé qué tengo. Bueno, sí, tengo ganas de estar en mi camita y de que mi mamá me mime, que tengo fiebre. Pero no. 

La mayoría de la gente se pasa su vida esperando. Esperando el momento oportuno o un golpe de suerte. Pero si algo he aprendido yo, es que nunca hay un momento perfecto para nada y que la suerte es mejor que salgas a buscarla tú mismo: Deberías salir a hacerle cosquillas a la suerte si quieres tenerla”  Irene X

No hay que esperar. Pero sí hay que saber tener paciencia. Y en esta es la parte en la que suelo suspender. Y me toca presentarme en ¿Septiembre ya no existe?.. en siguiente convocatoria, vamos.

Aprender a tener paciencia, válgame Dios, es desesperante. ¿Cuánto falta para llegar lejos?

00:05 a.m. Aterrizamos en Barajas. Soy una zombie. No he podido dormir en todo el vuelo y si me acercan un huevo puede que se fría en mi piel de lo caliente que estoy. Delirios febriles: me siento una infectada a punto de propagar una hecatombe mundial (molaría, eh? ser la paciente cero o el foco). Todos a esperar las maletas. Mis ganas de llorar aumentan. Tardan media hora (cuando se utiliza la expresión “media hora de reloj” ¿es que hay otro tipo de horas? ¿Media hora de pan? ¿Media hora de silla?) en aparecer las maletas. Aún no me he convertido en zombie ni en infectada, pero mi aspecto debe ser muy parecido.

 Las esperas desesperan. La paciencia es una carrera de fondo.

1:50 a.m. Por fin llego a casa. Hago ruiditos como de anciana octogenaria. Y medio renqueante y quejicosa me voy a la cama. Mañana me ocuparé de deshacer las maletas. Tomo un antipirético antes. Que más de 8 horas de fiebre pueden afectar a cualquiera. Yo aún me busco daños cerebrales. 

Los mañana los carga el diablo. Los hoy son lo que tenemos. No esperes a un buen momento: crea el momento. Que al final cansa más no moverse de un sitio,

que hacer una maratón.

Sé paciente. Sé impaciente.

Y sobre todo: relájate y disfruta.

Nos pasamos la vida esperando.

Y digo yo: esperando, sí, pero esperando ¿QUÉ? 

Aeropuerto "Los Rodeos"

Aeropuerto “Los Rodeos”, dónde no se dicen las cosas claras.

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