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Holi 🙂 Esta soy yo: un cactus

nerd cactus

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La #chicacactus, para ser más exactos. Y ni tan mal, que hasta los cactus tienen flores.

Llevaba tiempo queriendo confesarlo: soy un hombre cactus. Pero oye, hoy después de unas cervezas me fui a correr y… estoy feliz (con ello no quiero animar a nadie a hacer lo mismo, EH). Ya sé que las cervezas vienen DESPUÉS, pero una es muy del rollo “outsider” y de salirse del tiesto (donde la dejaron plantá).

Hacía un tiempo que me sentía “raruna” (por no decir “bajonera”, por saltarme la palabra apatía… que da como “cosilla” hasta decirla. La palabra apatía causa apatía e inapetencia en sí misma). Pero hoy me apeteció bailar. Hoy me levanté de muy buen humor.

A lo que venía: soy un cactus. Que nadie me malinterprete: me gustan los cactus. No demandan mucha atención, ni cuidados. Y están ahí, que no molestan ni dicen nada. Son duros de pelar, y hasta alguna vez se dijo que eran buenos eliminando las radiaciones de los ordenadores (¿en serio? Yo me lo creí, EH, ¿tienen superpoderes ocultos y nadie nos lo ha dicho?).

Ah, bueno, confieso. A mí se me murió uno. No pregunten. Y que nadie me deje a su hijo, tampoco. Los gatos sí. A veces cuido gatos. Que digo yo que acabaré como “la vieja loca que cuida los gatos de otros”.

Soy un cactus. Pincho. Mira que intento no hacerlo y no ser una rancia. Pero me sale solo. Me han llamado “borde” varias veces en los últimos meses. Personalmente prefiero el término “precipicio“, pero tampoco le debió gustar a quien se lo dije, porque pasó al : “tía, eres muy rara“. Pero, chico, por el precipicio te puedes lanzar. Por el borde no. Los capullos La gente, que no entiende.

Soy un cactus, pero la vida me hizo así, yo no lo elegí. Cosas que pasan, un día te levantas y eres verde y pinchas. Me he intentado revelar, pero ha ido mucho peor. Me hicieron daño y me convertí en cactus (curiosamente no tengo ningún problema de depilación). Y no es que sea un estado ideal. Pero lo llevaré con gracia hasta que se me pase. O no. Pero con gracia siempre.

Y sobre todo, no quiero convertir a nadie en otro cactus. Una de mis miles de millones de teorías es que el estado de ranciez se transmite cual venérea (que me lo han contao, que yo no lo sé, EH). Así que nada de contagiarse, CHIC@S.

¿Se puede pasar a otro estado NO cactus? ¡Ah, pues no lo sé! Pero los cactus también podemos molarlo todo. Nos gusta salir a que nos rieguen (vermut o cerveza), salir a entrenar, oír vuestros cotilleos, salvaros de las radiaciones gamma, los achuchones, que nos saquen del tiesto y volver a entrar sin hacer ruido, somos pequeños, quedamos bien en oficinas, puestos de trabajo de gente guay y en casas de modernos y malenis, tenemos unos primos mayores en el desierto, y de vez cuando nos ponemos guapetones y nos salen flores, somos icono en camisetas y complementos… y apenas te daremos quehacer. Nos mantienes con poco. Y siempre estamos ahí para un abrazo. Abrazos gratis. GRA-TIS (Si eres español la palabra “gratis” te atraerá cual polilla a la luz).

FREE WINONA AND FREE HUGS

Señores, soy un cactus. Pero uno molón. Si se cruzan conmigo denme abrazos (no valen los del Facebook) y achuchones varios. Prometo no pinchar. Eso lo dejamos para los DJs.

Y bailemos.

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