El día extra del año

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Desde hace unas semanas no paro de pensar en una cosa. Me bulle la cabeza.

Para que os miento, no puedo pensar en una sola cosa desde que me desteté de mi madre. Allá por… pues eso. Que me bulle mucho la cabeza. En general.

Estas pasadas Navidades me felicitaron con una pregunta. Y no ha parado de jorobarme:

2016 viene con un día extra ¿en qué lo vas a gastar?

Maldita la estampa del creativo y mente pensante que desde entonces no descanso. ¿En qué narices voy a gastar UN DÍA MÁS? Posiblemente lo acabe malgastando en cualquier cosa, como en pensar en qué voy a gastarlo.

¡PERO NO! Un día extra tiene miga, puedo hacer muchas cosas, así que es súper importante que lo programe bien para no desperdiciarlo. Después me viene a la mente otro pensamiento recurrente: ¿Qué haría Beyoncé? ¿En qué lo emplearía ella? (no me miréis así, en la interné Beyoncé es una super woman que le saca chorrocientas horas a 24, no debe ser humana, qué sé yo).

Ahora en serio, de verdad, este tema me preocupa. ¿En QUÉ voy vamos a emplear estas 24 HO-RA-ZAS gratis? Sí, ya sé: el 29 de febrero cae LUNES nosajodiomayoconsusflores me diréis los pesimistas (VADE RETRO CENIZOS), pero en el cómputo general del año suma; son 366 días, 24 horas más con todos sus minutejos, segundos y su canesú.

Al principio pensé en darme un capricho con esas 24 horas. Pero ¿y cuál? ¿dormir? ¿Salir, beber, el rollo de siempre? ¿Jugar al monopoly? (24 horas es la media de una partida normal de ese juego satánico) ¿Hacer algo de provecho? ¿Maratón de pelis? ¿Un viaje? ¿Una ultramaratón?

Reíros de mí si os place, pero este tema me agota. Pensé en dividir ése día extra entre los 365 del año para saber a cuánto extra tocaba a cada día, pero pff, es ¡tan poco! Os he hecho el cáculo: son 0,0027 horas extra cada día. Bueno, no sé, igual puedes dormir 20 segundos más al día. A los del “5 minutos más, por favor” igual les compensa. Qué sé yo.

Así que finalmente, he decidido tomar el día entero como un regalo y repartírmelo así:

  • 8 horas de reír, pero no seguidas. Me gusta mi mandíbula.
  • 4 horas y 15 min. de beber buen vino y comer queso.
  • 7 milisegundos para leer vuestras quejas.
  • 35 minutos para llamar a mi madre y contarle milongas.
  • 23 segundos para pintarme los labios rojo puta pasión.
  • 3 minutos para sonreír a extraños.
  • 2 horas y 40 minutos dedicados a dibujar.
  • 37 minutos para mirar pasar a gente, sin disimular.
  • 1 hora para correr de un sitio a otro. Despistando.
  • 26 minutos para escribir una carta a mano.
  • 2 horas y 60 milisegundos a hacer la croqueta. En el césped.
  • 13’67 minutos a imaginar.
  • 33 segundos para saltar a la comba.
  • 0 segundos a quejarme.
  • 12 minutos para ducharme.
  • 1’33 minutos para cantar en la ducha.
  • 3 horas para pensar en la ducha.
  • 45 minutos para retozar (apta para mentes calenturientas).
  • 4’77 minutos en regar las plantas. De la vecina.

(Seguro que tengo que emplear algo de tiempo en re-aprender a contar. Mejor no suméis.)

Y ahora haciendo alarde de sinceridad suprema: ¿En qué lo voy a gastar realmente?

Pues en quejarme en Twitter.

Y beber vino 😉

 

2016 viene con un día extra ¿en qué lo vas a malgastar?

 

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