Actualiza tu Caché

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Entra en la sala. 

Se sienta con las piernas cruzadas sobre la silla, siempre haciendo el Indio-para qué cambiar, eso es para gente con mucha energía. Pereza.-

Hoy El Lunes empiezo la dieta. Me voy a poner a dieta de FE. Me falta hierro (FE), no se vayan ustedes a pensar que he decidido tomar los votos. Suelo tomarme las cosas mal de primeras, menos el vino.

Alguien que me sirva una copa o 4. Y la botella: mejor cerca que lejos.

Llevo unos días dándole vuelta a un par de conceptos:

HA-CER-SE MA-YOR

Que no MA.DU.RAR. Eso es para las frutas. Y los tumores.

La gente normal huye. Se rebela, patalea, llora, lo niega y lo acepta finge. Me corrijo, en mi generación lo de MADURAR, es opcional. Eso no es cool y no se lleva. Ahora no somos maduros, los 30 son los nuevos 20 y los peores adolescentes son los de casi 40. El peterpanismo nos brota de las orejas, al mismo tiempo que jugamos a ser nuestras tías abuelas.

Hombres con “Síndrome de Peter Pan” y modernas viejóvenes de cuya unión sólo pueden surgir preciosas fundas de punto para mandos de la PlayStation.

Al hilo de mis pensamientos (ese que nunca sigo): NO maduramos, NOS hacemos mayores. Y ahora bien… ¿cómo sabemos que nos hacemos mayores?

He ido detectando signos de senectud en mí y a mi alrededor y he elaborado una teoría judeomasónica que no tiene ni sentido ni fundamento, pero claro, me hago mayor…

Te estás haciendo mayor si…

Ay, el jagger, si con un sorbo de vino ya vas pedo. ¡Dónde vas, Tomás!

Madrugas el domingo pero te quejas el lunes.

Te quejas de todo.

Bostezas demasiado… y demasiadas veces y cada vez más pronto (por cierto, el bostezo se contagia incluso de pensamiento: ¡bosteza!)

Te fuiste de la fiesta de turno porque (inserte aquí otra excusa interesante) en realidad te dormías por las esquinas.

¿Alguien ha probado dormir alguna vez en una esquina? ¿Se puede?

(Bostezo)

La pereza no es el pecado capital. Es la verdad capital.

Te has vuelto a quejar.

Oye, Pepi, vámonos que esta gente querrá acostarse.

Eres mayor cuando pagas la fiesta.

Todo el mundo empieza a tener mucha menos edad que tú y te produce un sentimiento disociativo extraño- ¿cómo pueden haber crecido sin Barrio Sésamo?

Bebes de la botella directamente (tranqui, más de la mitad de las personas lo hacen cuando nadie les mira). No estás sólo.

Llenas la botella y sacas la basura. Y pagas tus recibos. Pero quejándote.

Todo era más barato en tu memoria.

Te quejas.

¿Snapt..qué? Dejaos de gilipolleces, anda.

Bostezo.

Eres mayor. Lo siento. Y ¿sabes qué? Puedes patalear en la intimidad, pero una vez aparecen los primeros síntomas ni los tupper de tu madre te van a librar: eres mayor.

Compórtate como tal.

Paga la ronda, anda.

Quéjate.

Pero en Twitter, que seguramente nadie lo lea.

*Corolario de Mims: Madurar es dejar de saludar los días, los meses y las estaciones. En serio, son conceptos, no van a devolverte el saludo. 

Intervención

Intervention
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Holamuybuenasquétal.

Esta noche he decidido hacer lo que mejor me sale, o lo que cuanto peor me sale, mejor me va: reírme de mí misma.

Una amiga me ha llamado y me ha dicho: “yo siempre espero mucho humor negro de ti, pero, no sé si tanto”. Y es que muchos, amigos, han tocado a mi puerta estos días. Ellos no lo saben, pero entre todos me han hecho una INTERVENCIÓN. Que digo yo, que la próxima vez, os juntéis y vengáis a casa con un cartel o una sábana pintada. Es mucho más diver. Y así me llevo las hostias de una vez y no con cuentagotas.

Me encanta el concepto de intervención. No viene mal que, de vez en cuando, la gente que te quiere te de toques de atención y de intención. Acepto bien las críticas constructivas (luego voy por ahí amenazando con tirar marcos a la cara, pero no es verdad. NO-ES-VERDAD). Aunque si hay una intervención efectiva, al menos conmigo: es llevarme a deshojar margaritas con hielo. Muy efectiva de hecho. Se aceptan más invitaciones.

He estado un poco hater estos días, I know it. De hecho, me llamó el grinch de la Navidad y me dijo que dejase ya de robarle el puesto. A mí no es que me traigan carbón, no, a mí me regalan la mina en propiedad. La cuenca minera entera. He dejado León sin reservas.

También he estado leyendo mis tuits, y casi me ingresan por intoxicación venenosa en el hospital. He encontrado dos sierpes, tres setas y varios frascos de cicuta por ahí escondidos.

Los directores de pelis de terror me han ofrecido papeles protagonistas. Y la niña del exorcista le ha dicho a su madre que tiene pesadillas conmigo.

Me ha escrito Steven Seagal, que deje de ser tan letal. Luego, Chuck Norris, que le deje de mirar tan mal.

Soy una tía chunga, amigos. Y lo peor es que no me he dado cuenta. Me han tenido que tirar de las orejillas. Y oye, pues que tienen razón.

Las Navidades me sientan fatal. Por supuesto NO voy a contar- aquí- el por qué, eso lo guardo para el (futuro) terapeuta o para quien me lleve de margaritas y mezcal. Creo que el año que viene las celebro por lo civil. O que me salgan a devolver. O hiverno.

Pero bueno, que ya he retirado el disfraz del “Castigador“, y que me voy a dedicar a relajarme un poco “un mucho” y a la sanísima costumbre de generar endorfinas: sola o acompañada (me refiero a salir a correr, mentes sucias).

Prometo no morir de acidez y no mataros tampoco. Sigo siendo maja.

Creo.

Los bebés ya no vienen de París

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… sino de Madrid.

Los bebés vienen de Madrid

Los bebés vienen de Madrid

Hoy voy a desvelar mi Superpoder Absurdo más peligroso (ver los 10 anteriores aquí ). Todo el mundo sabe que un gran poder conlleva una gran responsabilidad… y yo… pues eso, que yo no.

Y así voy, usándolo sin ton ni son. Sin medida. Y claro, luego vienen las consecuencias.  La vida no está hecha de reglas, sino de consecuencias.

Ahí va, lo voy a desvelar: tengo el SUPERPODER de EMBARAZAR A MIS AMIGAS.

Nací mujer, con sus dos XX y nada de “cromosomas Y juguetones” (preguntaré a mi madre, por si acaso). Pero que vamos, no lo duden, que yo soy MUY mujer. Pero mucho mucho. Con todos sus accesorios y rabietas.

Este Superpoder nació en Madrid. La misma noche que me mudé (o a la siguiente, que no estamos para calcular fechas). Por ahora tengo dos víctimas… digo, dos casos comprobados. Y uno “pendiente de confirmación“.

Si eres amiga mía, tienes pareja y llevas tiempo intentando quedarte encinta (no voy a hacer la broma del “cassette”, ya vale)… vente a Madrid y duerme conmigo, en mi cama. No te voy a tocar ni un pelo y voy a dormir como una bendita. Posiblemente, tengamos resaca compartida al día siguiente (pero eso es culpa de Madrid, no mía)… y el lunes, a la vuelta a tu vida normal, te haces un test de embarazo:

VOILÀ!

Habré ejercido mi magia… y en unos meses: diversión asegurada.

Yo me llevo la mejor parte: ser la tía molona de la criatura, y que se encargue de criarla su padre (el otro).

Puede que se rían de la tamaña estupidez que les estoy contando… pero en el pueblo ya me llaman “la preña-amigas“. Prefiero que me lo cambien a “el hada de la buena nueva” o “el amuleto del buen estado“… pero no, es que ellos son muy de pueblo. Y hay que quererles cómo son.

No sé, igual debería empezar a monetizar mi nuevo superpoder y ver qué pasa. Pero que nadie me pida luego responsabilidades, que yo sólo ejerzo de “tía molona” y ya.

¿Será Madrid? ¿Será mi cama? ¿Seré yo? ¿Seremos los tres? En cualquier caso, me alegro de “formar parte”- de alguna forma- en algo tan bonito y seguir generando estas “historias-anécdotas-casualidades”.

Los bebés ya NO vienen de París…

… Y yo que me alegro.

Correr es de Cobardes

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Eso dicen: “Correr es de cobardes“. Y yo digo: depende de la dirección que tomes.

Puedes correr huyendo o correr enfrentándote. Suelo elegir la segunda opción, básicamente, porque como saben ustedes, me desoriento fácilmente y soy de las que se pierden. Si hubiese una invasión zombie es obvio que correría hacia ellos. Una es así, qué le vamos a hacer.

Hablemos de hoy. Del día en que decidí que iba a correr mi primera carrera “10k”. No es que me haya levantado más cuerda o loca (según se mire) que de costumbre, ni siquiera me lo había planteado nunca… ¿para qué? Si yo NO SOY RUNNER (parecen ustedes una secta). De hecho, suelo huir de las modas (ay! “lo mainstream“). Y el running (antes conocido como “footing”, ¿se acuerdan?), asumámoslo: es una moda. Muy sana, sí. Pero una moda, al fin y al cabo.

Dispongo de un mes para prepararme. Lo he decidido sobre las 11 de la mañana. Y ya tengo unos 1000 consejos, 4 followers más en Twitter, 3 apps y 2 programas de entrenamiento (“entreno” es como más cool, eh¿?).  No me asusta, de hecho, ya corro la mitad sin problema y es que una ya está en forma. Pero, ay, los retos, ¡son poderosos!

Ha sido muy divertido introducirme en el mundillo y recibir 3 cursillos intensivos en un par de horas. Entender por qué los runners disfrutan compartiendo sus marcas, metas y tiempos. Me recuerda a las amigas que tienen hijos, que una vez preguntas, ya sólo se habla de percentiles, pesos y medidas de bebés.

¿Cómo sabes que alguien es un runner? ¡Pues lo mismo que quién practica Crossfit! Ellos ya se encargan de decírtelo, no te preocupes. Es como pertenecer a un club selecto. Les encanta. Y bueno, para modas los triatlones. Tras la gran fiebre del pádel, ahora todo el mundo participa en un triatlón (que, oigan, me parece mejor opción que la de introducirse en el mundo de las drogas).

Motivaciones. Creo que la motivación, en todo, es más que importante, es primordial. Imagino que para pasar del sofá a una media maratón se necesita una razón importante… o no. Moda, salud, adicción, reto personal, perder peso, ligar, poder usar las apps, huir, estar en forma, escapar de una horda de zombies (matizo: si corren son infectados, no zombies. Seamos puristas), llevar unas zapatillas de colores fosforitos y formas imposibles, lucir un culo bonito, porque es gratis, porque sí, porque todo el mundo lo hace…Por lo que sea. He analizado las mías, por supuesto. Y básicamente, no es ninguna de las anteriores- que sea gratis, ayuda, no lo negaré. No quiero ser una runner, huyo de las modas y ya tengo un culo estupendo (marketing positivo de uno mismo ¡siempre!). Yo corro por una razón mundana a más no poder: porque el boxeo, el Body Combat y toda la retahíla de Body-no-se-qué me están esculpiendo un cuerpo demasiado “poderoso” (seamos eufemistas). Necesito, quiero y deseo perder tono muscular o acabaré, no sé, pareciendo la hija de Van Damme. Ayer corrí para perder músculo. Hoy al menos tengo un reto: doblar mi distancia en un mes sin tirar los higadillos por la boca.

Mi otra motivación, la verdadera, es mucho más poderosa:

Deshojando margaritas

Deshojando margaritas

Y no, no voy a dejar de practicar Body Combat. Echo mucho de menos golpear un saco de boxeo. No saben ustedes la de terapia que me ha ahorrado. Y la de caras qué he puesto al saco. También soy una convertida del Tai Chi y el Yoga. Correr va a ser un añadido.

Y es que yo soy muy de todo y de mucho. Y a la vez. Y a lo loco.

Para qué nos vamos a andar con tonterías.

Corro, sí, pero no tengo prisa por llegar a ninguna parte. Corro, sí, pero no huyo de nada.

Hoy es el día que decidí que iba a correr mi primera carrera de 10k. Puede parecer banal, y si saben leer entre líneas notarán que no hablo sólo de correr. Hablo de retos. Hablo de retarme. Hablo de muchas cosas.  Cosas que no cuento.

Hoy es el día que decidí que iba a correr 10k. Correr es de cobardes, dicen, depende de la dirección que tomes, matizo.

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SHUT DOWN

GO RUN

 

Lo mío no son visitas, son maratones.

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 Con la llegada del verano, una de las cosas que toca es: la-visita-al-pueblo.

En mi caso, que soy así de acaparadora, tengo dos pueblos que visitar (el adoptivo y el de nacimiento). Por lo que mis visitas son más bien maratones. Intento ver a todo el mundo, amigos, familia, y de paso, sólo de paso, ir a la playa. *guiño, guiño*

Por que… qué es una escapada de Madrid si no vas a la playa (vaya vaya)??

Hablemos del pueblo, de volver de visita tras un tiempo explorando la gran ciudad… Hablemos de las amapolas.

Amapolaaaaa

Papaver Rhoeas

Y digo yo, ¿qué hay más de campo que las amapolas? Me encantan las Papaver rhoeas (que se note que estudié Ciencias Ambientales); pero soy tan de campo como los semáforos y tan de ciudad como las amapolas. Al final, no perteneces ni a un sitio ni a otro. Pero te quedas con lo mejor de cada uno. Necesitas salir de la ciudad a oxigenarte y vas de visita al pueblo… y en el pueblo duras dos telediarios de los de agosto (que son 10% de noticias y 90% de relleno). Porque una vez has visto a la familia y amigos, has bebido las cervezas pertinentes, has ido a la playa y lo has hecho todo… seamos sinceros: te aburres. Mortalmente. Letalmente. Venga, no tanto.

Me gusta ir de visita al pueblo. Me encanta. Pero a los 3 días el cuerpo me pide Madrid en vena. Y es que, es curioso, pues en esta última visita, al llegar, pensé: “Ya en casa”. Y seguidamente, mi hilo de pensamientos fue a un: “¿¡qué casa?!” Ya no siento que este lugar sea mi casa…”. A los 5 minutos estaba dejando la maleta en mi habitación de la adolescencia, llamando a los amigos para tomar unas cañas, y se me pasó la tontería al primer sorbo, para qué nos vamos a engañar, que yo a veces tengo los sentimientos de una alpargata.

Me gusta volver y sacar el kitty car de paseo (mi coche). Me gusta preguntar por los cotilleos nuevos, por las familias, hermanos, amigos, embarazos, casamientos y divorcios, por los avistamientos extraterrestres y por la salud de todos. Que soy muy curiosa, vaya. También me gusta contar todas mis novedades por triplicado y crear debate en torno a mi vida sentimental y laboral. Porque en el pueblo no pasa nada, sigue igual, mientras a mí me pasa TODO. A veces siento que viajo al pasado cuando vuelvo. No porque no haya llegado la luz o la interné al pueblo, sino porque todo sigue igual que cómo lo dejé. Salvo que la gente se empeña en casarse y reproducirse, así que si tardo mucho en volver, puede que se hayan multiplicado demasiado y no pueda verlos a todos en una sola visita.

Es chachi (reveindiquemos el uso y abuso de esta palabra!) que te saluden por la calle, ver rostros conocidos en todos lados, que tu madre te diga que has adelgazado (menos esta vez, que no me ha dicho nada…), que tu hermano pague la ronda, que se alegren de verte y no huyan, no perderte (o sí, para variar, que yo tengo la brújula en el trasero), que los lugares estén a poca distancia, que te lleves millones de abrazos, y que el tiempo se ralentice de nuevo… En los pueblos ocurre que el tiempo no pasa TAN deprisa. Llega y se lo toma con calma. Con mucha calma chicha.

Por supuesto, yo no hago visitas, hago mini-mudanzas, en cuanto a equipaje se refiere. Parece que siempre lleve el armario a cuestas y es que una nunca sabe que se va a poner, que va a necesitar y llena la maleta de TO-DO. Iba a decir de “por si acasos“, pero muchas veces la lleno de “sin sentidos” y ropa que no es que no combine, es que se pelea, se declara la guerra entre ella.

Y por no hablar, no hablemos de los acentos y la jerga. Es otro idioma: “el provinciano“. Las expresiones son más divertidas y, gracias a Dios, se me olvida por unos días el pijerismo que adquiero en Madriz y vuelvo a hablar como una auténtica MOZA (jamelga, jaca, cordera… rico idioma el provinciano, oigan), pero sigo sin tener tierras, sólo dos tiestos. En otro momento dedicaré una entrada entera a hablar sobre las particularidades del idioma, las jergas y los provincianismos… que dan para mucho. O no, pero son divertidos.

Es necesario volver al pueblo, de vez en cuando, para que no se olviden de tu cara y para visitar a la mami, claro. En el pueblo empezó todo. Y volver te ayuda a recordar por qué te fuiste. Eso sí, yo seguiré siendo una amapolilla de campo, pero que se confundió y se transplantó en la ciudad.

Una amapola: Plantá en un tiesto.

TGIF

Menos mal que ya es viernes

¿Mariposa o capullo?

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No, no es ninguna pregunta trampa. Y no, no tiene nada que ver con las recientes festividades del Orgullo Gay en Madrid.

Las cuales me han fascinado, todo sea dicho. Nunca había visto Madrid así: tan loca, tan abierta, tan desfasada, tan… tan… tan… de todo. Y es que: “no hay en España tantos gimnasios para mantener todos esos CUERPOS esculturales”.  Mi yo más provinciano se llegó a escandalizar con tanto pectoral duro de pezones erectos, incluso llegué a temer que alguno me sacara el ojo si no llevaba cuidado… Pero, que por esta provinciana, pueden repetir las celebraciones 2 o 3 veces al año. Muy a favor, oigan.

Quería hablarles de los CAM-BIOS. Y es que si quieres llegar a ser mariposa, tienes que aceptar los cambios (y mutar con ellos-adaptarte-), o puede que te quedes en capullo. Y si una cosa me ha quedado clara es que: “CAPULLOS NO, gracias”.

La gente se compromete, se sigue casando y HASTA se reproduce. La gente se muda, se emancipa, se va o se queda. Las conversaciones van sobre partos, cuánto pesó tu bebé al nacer, despedidas de soltera, menús de boda, primeras palabras, epidurales, compromisos, mudanzas, nombres de bebé… y hasta divorcios. Y es que “estamos en la edad”… Y esto es lo mismo tanto si vives en el pueblo como si ya campas a tus anchas por la gran ciudad. Estas cosas pasan.

Vivir estos cambios de la gente que quieres es bonito… pero a veces, asusta. Incluso te hace pensar que, tanto elegido como asumido, tú eres ésa excepción, ése bicho raro que pica (“¿qué bicho raro te ha picado?”- yo, yo misma soy ése bicho), a la que no le pasan estas cosas.

A la que suscribe le pasa de todo, menos de lo convencional. Y es que quizás mi capullo está aún por eclosionar. “O yo estoy aún por criar“, que dice una amiga. O que debido a mi impuntualidad crónica, siempre llego tarde a todo. Incluso a mi vida.

Mientras, disfruto de la etapa “de capullo”… intentando que mi maltrecha cuenta  (nada) corriente sobreviva a todas estas despedidas, bodas, nacimientos y demás CAM-BIOS.

Y está bien así. Ya me convertiré en Mariposa… o no.

 

El gatico de la suerte

Maneki Neko, El gatico de la suerte

Mi señor conejo

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Les presento a Jueves, mi conejo.

Mi pequeño conejito

Mi pequeño conejito

En el mundo blogger, si no tienes mascota no eres nadie. O no puedes aspirar a ser alguien. Sólo que yo, en vez de tener perro o gato tengo un conejo (tuve un conejo). Y un conejito adorable y achuchable, para ser más exactos. Tan suave y juguetón, un poco salvaje y rebelde… cómo para no quererlo.

Jueves fue mi regalo de 30 cumpleaños. Tuvimos una relación de amor-odio. Como cualquiera que se relacione con conejos, ustedes ya me entienden. Roedor que es uno, lo mordía todo. Se comió mi aloe vera, el cable USB del móvil, las cortinas, un foulard, la pared.. etc.

Pero todos mis amigos lo adoraban. Venían a casa a visitarlo, a hacerse fotos con él, lo acariciaban y jugaban con mi conejo. Le traían zanahoria. Incluso yo misma me quedaba muchos viernes por la noche a jugar a solas con mi conejo. 

Mi señor conejo

Mi señor conejo

Tener un conejo da mucho juego.

Al final nos sepamos por circunstancias ajenas a nosotros. Prefirió quedarse en el pueblo y no venirse conmigo a la gran ciudad. No puedo saber si fue un invitado especial a una paella (estos valencianos…), o sigue vivo. Yo lo dejé con dos conejitas, en su propio harem.

Y es que mi conejo, siempre fue un señor.