Mims en Quokkalandia

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Escribo ahora mismo sentada en una caja de cerillas en Manila (bueno, a esto lo llaman avión… en mi idioma no se llamaría así) y que será mi casa por las próximas 8 horas. OCHO LARGAS HOOORAS.

Madre mia, tengo el cuerpo escombro. Vengo de otros 2 vuelos matadores: en el primero pedí el comodín del gintonic, 3 horas a Londres y en el segundo pedí el comodín de la pastilla pa´dormir, porque 13 horas en otra caja de cerillas de Londres a Manila, no se aguantan así como así.

Añadamos a eso 3 dulces niños rubitos en los asientos de delante. Y así es como PAL (Philipino Airlines) debería entrar en la lista de procesados por crímenes a la humanidad.

En fin, que no sabré ni como me llamo cuando llegue. De un avión a otro y tiro porque me toca. Y corriendo en las escalas. Turbulencias y ya inmersa en un clima inglés parlante (que una aquí también vino a mejorar su inglés EH).

Hubiera querido escribir todo esto en los días previos a mi marcha, pero oye, se dio la casualidad que salí a tomar una caña y me lié. Y es que me he pasado 2 semanas de despedida en despedida, de caña en caña y de juerga en juerga, tanto que podría opositar para la plaza de Masiel.**

Ha sido emotivo, bonito y exhaustivo.

Y me he venido a la otra punta del planeta, porque no aguantaba el ritmo, eso también.

Queda poco para llegar a Melbourne y empezar una nueva “aventurilla”. Puesto que mi vida no tenía emociones suficientes, pues nada, decidí que mejor me piraba al otro hemisferio para ver qué tal se vive boca abajo.

Espero que no se me suba mucho la sangre a la cabeza, que me pongo muy tonta.

En realidad, para los que no me conozcan demasiado, lo de “oye, que yo me quiero pirar a Australia/NZ” no ha sido un capricho de última hora. No ha sido una rabieta. Es un sueño del que llevo hablando hace años. Y parece que hasta que no lo he conseguido no he parado (cabezota que es una).

Esto de cumplir sueños da un poco de vértigo, pero sólo un poco (sobre todo si miras ahora mismo por la ventanilla y ves que sobrevuelas a 10.000 pies de altura). No, ahora en serio, esto me asusta y me encanta a partes iguales. Que supongo que de eso se trata. El miedo y la adrenalina le da un puntillo, no creáis. Y es que culo inquieto SE NACE ( y SE HACE, ¡qué narices!).

No sé qué me deparará el mañana (o esta misma mañana) que ya no sé dónde vivo, pero sé que aunque vaya mal (que no), siempre será para bien. Al fin y al cabo, estoy tan harta de acumular cosas que se me ha ocurrido que voy a acumular anécdotas, aventuras e historietas. Para ser la pesada de turno, esa que todos miréis en plan: “ñiñiñiñi”. ESA. Pero que en secreto ¡envidiéis!

Y no quiero faltar a la verdad: he venido a montar una granja de Quokkas. Y a informar sobre el efecto Coriolis. Eso también.

Updates: Llegué, sana y salva. Y con un jet lag hasta las cejas, ha sido todo sencillo y natural. Como si no estuviese en la otra punta del mundo. Como si ya conociese esto. Una Melbourniana (¿se dice así?) me ha preguntado sobre si noto que estoy en Australia, si hay algo distinto o que me llame la atención…. y la verdad es QUE NO. Hablan raro y hay muchos edificios altos. Tiene su aquel la city y hace fresquiviri. Y la cerveza es jodidamente cara… pero por lo demás, oye, como en Madrid.

Me perdieron una de mis maletas. ¿Pero qué pasa este año con las maletas? ¿han decidido hacer las maletas las propias maletas? ¿Son las maletas los nuevos calcetines en la lavadora? ¿Es un complot de las aerolíneas? ¿Será culpa de Trump? En fin. Lo raro es que llegase alguna (con un Madrid-Londres-Manila-Melbourne de trayecto, hasta casi yo me pierdo).

No sé, no siento nada especial. Salvo que esto parece una ciudad viva y eso mola y siento la muerte en forma de Jet Lag y dolor de riñones en mi cuerpo serrano.

Me han dicho muchas veces que qué valiente soy…. y sinceramente pienso que: tener hijos, comprar una casa, montar una empresa u otro tipo de cosas que vosotros hacéis sí son de gente valiente. Venirse a Australia es sólo coger unos aviones y ya.

Por cierto, el dinero parece de juguete, sacado del monopoly. Y lo del Efecto Coriolis apenas se aprecia, porque el agua descarga desde el centro y con suficiente fuerza como para caer sin rotar….o no sé cómo explicarlo, pero que me he quedado embobada en cada descarga y NADA. No noto nada.

¿Esperabais fuegos artificiales o a mí gritando o algo así? Bueno, eso ya vendrá o no, o qué sé yo. Pero ya me he ido de cervezas y me han reconocido por la calle, en serio, en Melbourne. Si ya Nindiola dixit: “esta va a ser conocida en la ciudad en 3 semanas”. También hice un contacto para un posible curro, he enviado un CV ya y además puede que me retire 5 días al campo con una señora muy maja que quiere té, largas charlas y yoga (HelpX).

Y con vuestro permiso, me retiro a un sueño reparador. Sin escalas, niños lloricas, asientos horribles, ruidos, turbulencias y azafatas que se ríen por lo altini (porque no saben hacerlo por lo bajini). Descanso en paz, pero por poco.

** Viendo el IPC de Australia (Índice Precios Cerveza) tenía que haberme bebido todas las reservas de Madriz.

*** ¿Y ahora que soy? ¿Una moderna venida abajo? (Al Hemisferio Sur)

Vistas desde Flinders

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