Walking on a dream

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A pesar del camino entre las piedras

de las veces que ha llovido y no llevaba paraguas

las 10 horas de diferencia horaria para continuar la conversación

los suspiros

los malentendidos (conmigo misma)

alguna lagrimilla soltada sin querer

los ratos un poco “torcidos”

los días libres color Pantone 432-C

y el sol cuando tocaba trabajar

el “ya te llamaremos” que fue nunca

las arañas y serpientes

y no terminar de encontrar el nido

A pesar de las sonrisas de los desconocidos

y de estar menos perdida que siempre

pero sin saber de qué va la función

no encontrar nunca la dirección incorrecta (porque no existe)

A pesar sumar de todo:

SIEMPRE siempre siempre merece la alegría cumplir un sueño.

(Y a mí ya no me lo cuentan-YEAH-)

Melbourne Skyline

 

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Llegar a la meta, sí, pero 2 veces

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Cumplí con mis amenazas: llegué a la meta.

Mims corre por Madrid

Mims corre por Madrid

Y la sensación de victoria personal es indescriptible. O, bueno, realmente es bastante descriptible: hacerte un “Challenge accepted” a ti mismo, ponerte una rutina, cumplirla contra viento y marea, y finalmente comprobar que cuándo quieres, eres capaz. Y que estabas más bonita callada. Eso también lo comprobé.

Cuando lo sueltas a los cuatro vientos: entonces DEBES hacerlo. Te debes a tu público. Los piscianos morimos por la boca.

Tampoco nadie pensó o dijo que no lo lograría- o no me lo comentaron abiertamente, que puede ser-. En cualquier caso, vengo aquí a contarles mi experiencia.  La mejor en muchísimo tiempo. Rutina, constancia, mejora continua, endorfinas, #postureorunning, marcando abdominales-sin prefijo-, días más cansados, días más potentes, hacerte 36 km en una semana, junto con tus Body Combats, y tus Taichis, cambiar los hábitos y un poco la alimentación, concentración, ganas de más… y por supuesto: mucho olor a Reflex.

Por cierto, he de hacer un inciso en el asunto del “ligoteo“. No, no es cierto que se ligue más cuando te adentras en el mundillo #running. Al menos, no ha sido mi caso. La imagen mental mía: sudando, con ropa rosa fosforito, adelantando al personal, y los auriculares como aislantes del mundo exterior, lanzando algún improperio al móvil… si llegase a ligar así deberían darme un premio. O no. O qué.

El ambiente en el Retiro el día de la Carrera, el qué me pongo, los imperdibles del dorsal, la ilusión al ir a recogerlo, el zumo –pontífice– del “antes de”, más de diez mil personas, la app de turno que te dice tus kilómetros, las fotos, las sonrisas de la gente, pensar que quedarías de las últimas o peor, te perderías por el camino (no sé cómo narices podría haberme perdido), que no lo lograrías, o que tendrías que terminarla andando, que se te parase la música, que me rompiese una pierna o un diente, los plátanos -la fruta del amor- y bebidas isotónicas a la llegada, la marca, la cuesta de Gran Vía que no fue para tanto, el “no bajes de los 6 min/km los tres primeros” y no hacerte ni caso, adelantamientos, gente animando, el calor, subir el Paseo del Prado y ver tooooooodo el personal que tienes detrás (vaya!), los últimos dos kilómetros en los que quise morir (pero ya no iba a dejar un cadáver bello y joven, así que apreté los dientes y seguí corriendo), la Puerta de Alcalá, miralá, ¡por Dios, dónde está la meta!… apretar y… YOU WIN. Y dar saltitos de emoción (sí, hago esas cosas tan horribles), pensar que “pues no era para tanto” y que quieres hacerte una Media (maratón, se entiende), ya puestos…

Finalmente: te das cuenta. Sudores fríos. Temblor de piernas… MALDITA SEA:

¡ERES UNA DE ELLOS! ¡TE HAS CONVERTIDO! YA PERTENECES A LA SECTA. Y ADEMÁS: TE ENCANTA.

Yo confieso: soy una #runner.

Y ya no lo escondo. 

(¿Dan un carnet o una chapa o algo que te identifique? Es que ahora lo quiero.)

 En realidad no he acometido ninguna hazaña o heroicidad (todavía) que nadie que no entrene y le ponga ganas no pueda lograr. Sólo se trata de quererlo. Mucho. Ser consciente de tus limitaciones y poner todos los huevos en la cesta -bonito símil-. Tragarte los “hoy no me apetece” y las excusas varias. Se trata de ser mejor que ayer. Se trata de retarse. Ser tu peor amigo y tu mejor enemigo. Y plantarte cara. Y reventártela si hace falta-aunque no lo parezca soy muy dulce, nada agresiva, vaya.

Y ya no hablo de correr una carrera de 10k. Un poco sí. Pero otro mucho no. Hace tiempo que decidí vivir la vida de la mejor manera que sé: VIVIÉNDOLA. Pasando por encima de los miedos y los “no creo que pueda”, las dudas y los “peros” (las peras no, esas me gustan). Hace tiempo que cambio las quejas de lado, y pongo los huevos en su lugar. Y además, hace tiempo que miro mucho más al espejo y le hablo y reto a lo que tengo enfrente y menos a lo que tengo alrededor.

Si las piezas del puzzle no encajan, toca removerlo todo y volver a empezar. Sin perezas. Sin excusas.

No he obrado ningún milagro ni he hecho algo espectacular, nada que alguien que quiera lograrlo no lo pueda hacer. No he hecho nada especialmente llamativo. No hay nada de mágico en ello. Pero es todo magia. No ha cambiado nada, excepto todo. Porque yo soy mejor que ayer.

Y más rápida.

He llegado a la meta, sí, pero dos veces.

Y las que hagan falta.

 

 

Y a partir de aquí, pueden seguir leyendo

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entre líneas.

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